Hijos adolescentes ¿Cómo entenderlos?

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Por: Mtra. Terapia Familiar Cecilia Martínez López

¡Cuándo madurarás?! ¡Por qué no me entiendes! ¡Ya no eres un niño/a!

¡Me tienes harto/a! Ya no sé qué hacer contigo.

Éstas y muchas frases más he escuchado de padres, madres y tutores de adolescentes, durante 20 años que tengo trabajando en el área de psicología clínica, formación de padres/madres/tutores o responsables de crianza  y atención en adicciones.

Los adultos frecuentemente tienden a perder el control cuando tienen a su cargo la gran tarea de educar/ acompañar a un adolescente en su desarrollo y transición a la etapa de ser joven adulto.

¿Qué es la adolescencia?

La etapa de la adolescencia comienza con la entrada a la pubertad que oscila entre los 9 -11 años, la cual se caracteriza principalmente por los primeros cambios del cuerpo en niños y niñas, éste etapa da entrada a lo que llamamos Adolescencia propiamente dicha, que abarca entre los 12 a 19 años, edad en que se espera experimentar la salida de la adolescencia, aunque hoy día es bien sabido que hay adolescencia tardías donde vemos a jóvenes que salen de su adolescencia alrededor de los 21 a 25 años (y también se dice que hay quienes nunca salen de ella, los ahora llamados “chavos-rucos” que a sus 40 años continúan mostrando conductas adolescentes). 

Si nos centramos en la adolescencia propiamente dicha, que es la etapa más crítica del ciclo vital de familia, el mismo Lauro Estrada señala que “el advenimiento de la adolescencia es tal vez el que más pone a prueba la flexibilidad del sistema”.

Los factores de la adolescencia

En esta encrucijada se combinan varios factores:

a) En esta edad se presentan con mayor frecuencia los problemas emocionales serios.

b) Los padres, aún cuando muchas veces ya se encuentran en la madurez, muy a su pesar se ven obligados nuevamente a revivir su propia adolescencia.

c) La edad de los abuelos por lo general es crítica; se acercan a no poder mantenerse por sí mismos, y la soledad y la muerte se avecinan; esto es motivo de otra preocupación”

Desde esta afirmación, Estrada citando a Erikson (1956) y Kernberg (1971), afirma que uno de los principales objetivos de esta etapa es que el adolescente normal logre conformar su IDENTIDAD a través de la identificación con sus objetos amorosos primarios (sus padres) de tal manera que al conseguirlo podrá desarrollar la capacidad de AMAR a “otro” desde su propia personalidad  completa lo que predice el éxito de la etapa posterior la adultez joven etapa en la podrá intimar  y terminar de organizar un sentido de identidad.  Lo cual incluye el desarrollo de la ternura, gratificación genital completa y profundidad o encuentro consigo mismo.

El adolescente normal presenta crisis de identidad, pero no difusión de identidad.

Las crisis obedecen a que el sentimiento interno de identidad, de pronto y con los cambios físicos del adolescente, no corresponde a la confirmación del medio ambiente, que ya lo empieza a tratar como joven adulto.

En cambio, la difusión de identidad habla de síndromes psicopatológicos severos que se caracterizan por estados disociativos.

Estas alteraciones pueden perdurar hasta la vida adulta y perpetuarse generando graves dificultades para  lograr establecer relaciones amorosas estables y duraderas y adaptarse de forma sana a la sociedad productiva.

Por otro lado, Arminda Aberastury y M. Knobel en su libro La adolescencia normal, señalan los 3 duelos por lo que el adolescente debe pasar para lograr la “completud” de su personalidad psíquica, quien señala que esta transición es necesaria para que el adolescente llegue de forma sana a la adultez joven:

1.- El duelo por la pérdida del cuerpo infantil

2.- El duelo por la  identidad y por el  rol infantil.

3.- El duelo por la pérdida de los padres de la infancia.

No debemos de perder de vista que los adultos que somos padres o madres vemos crecer a los hijos y esto por sí mismo también es un duelo.

“Ver crecer a los hijos….. duele, porque significa también nuestro paso a la edad madura o vejez…..y por lo tanto a nuestros declive la vida y muerte”

Tengo que enfatizar también que los adultos tenemos grandes capacidades para salir exitosos de esta etapa de crianza. Para poder acompañar a un adolescente en su desarrollo, el adulto tendrá que ser capaz de:

  • Reconocerse como una figura congruente de autoridad sin usar la violencia o la imposición.
  • Tener capacidad de identificar, manejar y regular sus propias emociones para mantener su propio autodominio.
  • Tener habilidades socioemocionales para evitar caer en las frecuentes provocaciones de las conductas adolescentes que derivan en  lucha de poder y guerras a veces interminables que son factores de riesgo para las conductas erráticas  en ellos.
  • Ser capaz de resignificar su propia adolescencia y asumirse como el adulto que estará aún a pesar del “caos” de tal manera que pueda transmitir la seguridad que amará al adolescente sobre todo  por lo que és y no por lo que hace.

Bibliografía:

El Ciclo vital de la Familia. Lauro Estrada. Primera edición digital Julio 2012.

La adolescencia Normal. Arminda Aberastury.  Editorial Paidós. México 1991.

Maestría en Ciencias de la Familia para la Consultoría

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