La persona y sus dimensiones

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Mtro. Jorge Juan Jiménez López

Uno de los maestros que más recuerdo y uno de los más entrañables para mí, nos solía decir “eres un ser espiritual, que tiene una experiencia humana”.

Cuando uno es muy joven no pasa de ser una de esas frases que va coleccionando en la memoria.

Cuando me pidieron hacer este breve artículo me vino el recuerdo de esa frase y fue entonces que cobraron sentido no sólo esas palabras sino también varios hechos, y las enseñanzas de la antropología filosófica.

A lo largo de la historia de la humanidad hemos tenido una serie de preguntas recurrentes, y que, a lo largo de los siglos le hemos dado distintas respuestas, entre ellas están:

¿Quiénes somos? ¿Cuál es mi fin?, ahora llamado propósito, ¿A dónde va mi vida?

Concepto de “persona”

La palabra persona, no fue un concepto completamente acotado por los griegos, lo fue por el cristianismo a partir del Concilio de Nicea1 con la doble naturaleza en una persona.

Esa es una primera idea que podemos ir desarrollando, somos personas, pues tenemos una parte humana, física, y otra espiritual, si dejamos una de ellas nos despersonalizamos.

A lo largo de los siglos pasaron muchos filósofos y psicólogos cada uno de ellos buscando establecer los límites y las dimensiones de esta persona.

El personalismo

Es entre las dos guerras mundiales que surge una corriente filosófica llamada personalismo, la cual responde a las corrientes del individualismo y del colectivismo, con sus derivas económico-políticas de capitalismo y comunismo, y que busca destacar las relaciones interpersonales, la solidaridad, la libertad como alternativa.

Su fundador Emmanuel Mounier solía decir “Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia e independencia de su ser; mantiene esta subsistencia por su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una conversión constante: unifica así toda su actividad en la libertad y desarrollo por añadido a golpe de actos creadores la singularidad de su vocación”

Las siete dimensiones básicas de la persona

Esta constitución de la persona se suele dar en siete dimensiones básicas algunos autores establecen menos y otras muchas más.

Consideremos las siguientes que os propongo:

Física

En esta dimensión y casi por obviedad se encuentra todos los elementos que componen a nuestro cuerpo, los órganos, las funciones las enfermedades que tiene, en esencia la vida a nivel biológico.

En los tiempos recientes ha cobrado una importancia desproporcionada, ya que, la moda y los mercados se han obsesionado con formas que deben de cumplir tanto hombres como mujeres, hasta hace relativamente poco tenía que ser en extremo delgado, en la actualidad tiene que ser con su origen biológico desnaturalizado.

La dimensión física implica que tengo un cuerpo al cual le tengo que proporcionar los cuidados necesarios, en relación con el régimen, al ejercicio y a los medicamentos que requiera.

1 Cfr. http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2a3p1_sp.htm

Social

Somos seres gregarios que nos encánta estar en sociedad, ya decía Aristóteles en la Política los hombres son el “ζῷον πολῑτῐκόν”2.

Pero el punto fundamental para que funcionemos en sociedad es que existan una serie de normas que rijan las interacciones entre unos y otros.

Usualmente cuando manipulamos por gustos o por tendencias estas normas, la cosa no suele terminar bien para nadie.

En las sociedades occidentales y democráticas sanas suelen establecerse reglas y leyes armoniosas, que procuran el desarrollo holístico de las personas.

Cuando las sociedades no son tan democráticas ni tan occidentales, se comienzan a abrir ventanas de Overton3 que resta libertas y posibilita como aceptable lo que sería radical o insensato.

Cognitiva

Cuando nosotros percibimos la información que proviene del exterior a través de nuestra mente y con ello nos adaptamos al entorno, damos sentido y significado a eventos externos y a acciones de los otros y tomamos decisiones, emitimos juicios, es entonces que estamos ejerciendo nuestra facultad cognitiva.

Esta facultad según diversos estudios está en un contante desarrollo, a menos que dejemos de nutrirla, ¿Cómo se deja de nutrir esta facultad? La respuesta es simple, dejando de pensar.

¿Se puede dejar de pensar? Pues sí, las personas cuando resuelven no tomar decisiones, no elaborar ni análisis ni síntesis o bien cuando no establecen una estructura lógica en sus juicios, se ha dejado de pensar.

Esto lo podemos ver muy habitualmente en aquellas personas que son muy fácilmente influenciables por los medios, las redes sociales o por los brotes populares e ideológicos que pueblan nuestro entorno.

Emocional

De acuerdo con el Dr. Myers, las emociones son reacciones psicofisiológicas que se originan en el sistema límbico y tienen tres componentes: el fisiológico, el cognitivo y el conductual.

Pero es con el Dr. Daniel Goleman que las emociones saltaron a la fama a mediados de los años.

Según el Dr. Goleman una persona son inteligencia emocional tiene las siguientes características, autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía, habilidad social.

Una de las características que deseo destacar es la de la autorregulación, esto implica que una persona con inteligencia emocional regulará sus emociones y no será presa o víctima de las mismas.

En los tiempos actuales mucha gente pretende obtener sus objetivos mediante la manipulación emocional o bien victimizándose, como se hace tan comúnmente en los tiempos actuales.

Decido dirigir mis emociones al logro de mis objetivos vitales y no que éstas sean un obstáculo para mi vida cotidiana o para mis relaciones interpersonales.

2 Zoon politikon, animal político, o animal cívico

3 https://planetacanario.com/la-ventana-overton-guia-para-transformar-en-posible-lo-imposible/

Estética

Dentro de la teoría de los trascendentales, de corte escolástico, existen tres características que acompañan a todos los entes, y estas eran la verdad, la bondad y la belleza.

De acuerdo con ésta teoría la persona estaría literalmente imbuida dentro de estas características, y para donde sea que se dirija se encontraría con ellas.

Ahora bien, en relación con la estética, aisthetikós4, es la rama de la filosofía que estudia la belleza.

¿Qué es la belleza?

La belleza le podemos dividir en dos, la belleza ontológica y la belleza estética.

La primera es la más universal, es de la que escribían los escolásticos y los grandes.

La belleza es un “artículo de primera necesidad”, todo el tiempo estamos buscándole, en las cosas que compramos, en la música que oímos y en las relaciones interpersonales que establecemos. La pregunta sería ¿Por qué lo hacemos?

La respuesta no es ni sencilla ni breve, pero para simplificar, tanto la verdad, como la bondad y la belleza que es lo que aquí nos atañe nos remite a la perfección, y al acercarnos trascendemos.

La gente se suele confundir entre bello y moda, lo cual sería como confundir entre fugaz y eterno.

Por ejemplo en relación a la ropa de moda, está diseñada para que “dure” pocos meses y antes de cuatro meses ya está “pasado de moda” y con ello tenemos que entrar en la dinámica del consumismo.

Oscar Wilde al respecto solía decir “la moda es una forma de fealdad tan intolerable que es necesario cambiarla cada seis meses”, entonces qué es lo que debemos buscar si no es la moda, pues el estilo.

Tener estilo implicaría que uno busca una permanencia en lo que compra, en las relaciones que tiene, en las acciones que emprendemos, puesto que buscamos un pequeño tozo de eternidad, con lo que hacemos, decimos y pensamos.

Ética

El concepto de ethos griego implica cierta complejidad, por una parte, es el lugar de origen, y por otra la costumbre.

Una definición muy reduccionista del término diría algo así como, parte de la filosofía que trata sobre el bien y el mal de las normas morales.

Ahora bien retomemos un momento el aparta anterior, los trascendentales, uno de ellos es la bondad, que es el más universal, pasando por lo bueno que es más general, hasta llegar el bien que es más particular.

Pero todos relacionados, cuando nosotros “hacemos un bien” pues hacemos una acción bondadosa para evitar sufrimientos del otro.

La ética es cuando nosotros podemos distinguir claramente la bondad y la maldad de nuestras acciones, pensamientos y palabras.

Parecería un obviedad pero no es así, muchas personas consideran que una acción puede ser buena para uno pero mala para otro, de hecho muchos alumnos míos lo consideran así, e incluso llega a razón que un mal para otros mientras no les dañe no se le podría considerar como tal.

Esta es una forma de razonar sumamente egoísta y narcisista.

Por ejemplo si arrojo una silla de uno de mis salones contra la pared para “descargar mi enojo” por una mala calificación sin dañar a nadie, podría parecer como una catarsis, pero no lo es, es un acto agresivo, que daña la propiedad común, la silla que podría necesitar otra persona, el aumento en el gasto para reponer mobiliario y la persona que realizó esta acción no es mejor en nada.

Las personas que se manifiestan pintando “grafitis” por donde van pasado hacen fundamentalmente lo mismo, dañan la propiedad del otro.

Una acción va a ser buena cuando me hace trascender en cualquiera de mis dimensiones, no sólo a mi juicio, sino al juicio del otro.

Espiritual

¿Recuerdan a mi viejo maestro? “Somos seres espirituales”, ¿A qué hace referencia?, precisamente a nuestra dimensión espiritual, vayamos por partes.

El espíritu es un principio metafísico, este es el principio operante de mi facultad de pensar, por lo tanto, un ser espiritual es una realidad pensante.

¿Todos pensamos? Pues no, por que para pensar se requieren dos cosas fundamentales la primera es dimensionar nuestras acciones, palabras y pensamientos y la segunda es que los pensamientos estén ordenados.

Por ejemplo, cuando “fantaseamos” le dejo rienda suelta a mi pensamiento para que no tenga ningún orden ni dirección, se la pasa en ensoñaciones desordenadas durante horas en donde pasamos de ser la persona más bella a la más poderosa y demás es fundamentalmente esa descarga de dopamina, que nos hace procrastinar.

Pero cuando estructuro mis pensamientos y los alineo con mis metas y con mis objetivos, y tras de ello lo llevo a la acción buscando el bien, dimensionando en todo momento a mi persona es entonces cuando trasciendo en tiempo y en el espacio, y en lugar de recibir esa dopamina que es temporal recibo serotonina que es de muy largo plazo, para decirlo de otra manera recibo y estoy feliz.

Maestría en Ciencias de la Familia para la Consultoría

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