Una cita no tan a ciegas

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LCF Anahí Ruvalcaba Ortiz

LCF Francisco Peralta Dávalos

¿Recuerdas la primera cita que tuviste con tu pareja? Cómo olvidar aquella sensación de emoción, inquietud y expectativa que rodeaba aquel primer encuentro. Normalmente la primera cita nunca se olvida pues marcó el inicio de lo que posteriormente llegó a convertirse en lo que actualmente son como pareja.

Después de ese primer encuentro seguramente vinieron más citas al inicio de la relación, todas ellas matizadas por este clima de expectativa y enamoramiento que fue surgiendo de manera natural y paulatina conforme la relación iba creándose.

Una característica que suelen tener estas primeras citas es que las parejas pueden durar “horas” platicando sin que se agoten los temas por platicar, al contrario, parecería que falta tiempo para poder seguir hablando de nuestros mundos, de nuestras ideas y sueños. 

Una cita no tan a ciegas

Al pasar el tiempo, eventualmente aquel clima que predominaba en aquellas primeras citas fue tornándose en algo más cotidiano, menos efusivo y, probablemente, cada vez más profundo. Esto suele suceder cuando la intensidad del enamoramiento que surge en un primer momento en la pareja va disminuyendo, lo cual forma parte del proceso natural del enamoramiento.

Sin embargo, en este proceso de la relación y con el paso del tiempo corremos el riesgo de perder como pareja ese esfuerzo y empeño que poníamos en las primeras citas; de acostumbrarnos a la presencia del otro de tal manera que nuestros encuentros, en vez de estar centrados en la persona que tengo delante de mí, en quien yo he escogido como mi compañero de vida, y a quien yo he decidido amar, se concentren en el trabajo, los pendientes del día a día, las dificultades, etc.

Más aún, podemos adentrarnos tanto en “todo lo demás” de manera que no tengamos tiempo para “nosotros” y dejemos de tener citas a solas, y no me refiero a que dejemos de salir juntos y solamente nosotros como pareja, me refiero a que podemos salir juntos en una aparente cita, pero traemos la mente y el corazón en tantas cosas que realmente no logramos centrar totalmente nuestra atención y escucha en nuestra pareja.

Evidentemente las citas que tengamos después de la primera ya no serán tanto “una cita a ciegas” pues ya conocemos más a la persona que hemos elegido amar totalmente por medido del matrimonio, así que, con mayor razón, nuestras citas, al no ser “tan a ciegas” podrían convertirse en momentos únicos, rodeados por ese primer clima de expectativa y enamoramiento a un nivel superior y con una mayor madurez en el amor, posiblemente con menores emociones, pero con mayor profundidad y autenticidad.

El reto de las parejas será el cuidar de manera celosa esas citas periódicas en las que se dediquen a hablar de ellos mismos, recordar la historia de la relación, acontecimientos que marcaron la relación, los sueños que tienen y cómo se sienten actualmente en la relación, lo que les gusta y por lo que se sienten agradecidos y lo que les gustaría mejorar para fortalecer la relación y crecer en el amor.

Y tú, ¿recuerdas cuándo fue la última vez que tuviste una auténtica cita con tu pareja?  

Maestría en Ciencias de la Familia para la Consultoría

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